Entras en mi vida a punta de pistola.
No hace falta. Baja el arma.
Te doy la bienvenida con gran gusto,
me interesa tenerte cerca.
Tu amor por cuidar cada detalle,
el cariño concentrado en pequeños gestos,
la sutileza que dedicas en tu intento de agradar.
En serio.
Pierde cuidado. Tienes la puerta abierta.
Es tu don innato.
La estética en el movimiento de tus brazos al caminar
como un péndulo.
Hipnotizante.
Ya sabes que puedes pasar.
Pero las amenazas son tu firma,
te motivan para el fin: Atemorizar.
Y todos tiemblan.
Todos menos yo, claro.
Los depredadores más mortíferos son los humanos.
Y tú eres un ejemplar de un magnífico mamífero.
Ahora ya no importa.
Dispara.

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