lunes, 15 de septiembre de 2014

Rueda.

Vives encadenando pasos hacía el vacío,
rememorando flashes de algo que nunca fue,
ilusionándote con cada nueva historia.
El café ya no es para ti.
Has tornado el secuestrador en sicario,
y los sicarios solo beben whisky barato.
Como tus besos, que también son baratos.
Los entregas como aval de un contrato inexistente, sin pena, gloria ni memoria,
a un truhán desamparado que ha perdido el tren y se ha visto cercado en tu territorio, mientras lo engañabas para que metiera la pata en el cepo.
Pero no.
Fue el quien diseccionó tu tórax,
arrancó tu parrilla con costótomo,
desgarró tu pericardio
y se llevó tu corazón en el tren de las 14:49.
No le esperes, 
agoniza mientras encuentras un donante compatible.
Seré yo quien te cosa.

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