Mi piel está áspera por la salitre y me lamo una muñeca.
Me recuesto con la humedad de la playa a mi espalda.
Suena It ends tonight, en el iPod y en mi cabeza.
Una notificación interrumpe la melodía,
ésa que tantos años lleva tatuada en mi alma,
en un hueco oscuro y profundo de mi ser.
Es usted.
Usted. Sí, usted, él que está leyendo esto.
Sabe que lo sé. Sé que sabe que lo sé.
Y sobre todo quiere que lo sepa.
Porque duele, es lo que tiene la guerra.
Pero tengo claro que el juego no ha acabado,
por ninguna de las partes.
Los perros sólo aúllan si les apetece.
Los labios traviesos sólo besan con lujuria.
Y con desesperación.
Envueltos en llamas.
Y desde aquí le digo
que aún conservan la esperanza de consumirse.
Espero el jaque.
Y debería saber que esperaré lo que haga falta.

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