Las notas vibran en tímpanos asustados por los recuerdos de noches pasadas,
de fantasías no vividas en sinfonías sin sentido.
Los gatos asustados maullaban a la luna sin motivo aparente.
Pero ellos estaban en el muro de piedra, duro y frío como el corazón de uno de ellos.
El otro clamaba con lengua voraz un sentimiento de palpitación no necesariamente cardíaca.
Las estrellas semejaban asustadas, distorsionadas por las lágrimas y el desconsuelo de manos impacientes,
sin ánimo de lucro,
sin control ni predicción,
sin límites plausibles
como todas los regalos que se hacen al amparo de noches frías de Agosto.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Re menor.
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