sábado, 13 de septiembre de 2014

Re menor.

Las notas vibran en tímpanos asustados por los recuerdos de noches pasadas,
de fantasías no vividas en sinfonías sin sentido.
Los gatos asustados maullaban a la luna sin motivo aparente.
Pero ellos estaban en el muro de piedra, duro y frío como el corazón de uno de ellos.
El otro clamaba con lengua voraz un sentimiento de palpitación no necesariamente cardíaca.
Las estrellas semejaban asustadas, distorsionadas por las lágrimas y el desconsuelo de manos impacientes,
sin ánimo de lucro,
sin control ni predicción,
sin límites plausibles
como todas los regalos que se hacen al amparo de noches frías de Agosto.

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