domingo, 7 de septiembre de 2014

Encías.

Palpitan las nucas en la mañana del desconsuelo.
Arcos de molares recubren pieles saladas formando kanjis,
contando la historia de rebeldes que escaparon del hambre propia para probarse en una danza irremediable y agónica,
derritiéndose entre gemidos y salpicados por el rocío de la madrugada,
con el pelo tan húmedo como sus deseos
y los glóbulos rojos pugnando por salir de la prisión de cuatro trozos de tela.


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