Me he despertado guerrera,
desnuda,
con mi ropa enroscada en el edredón,
con los labios secos y la espalda sudada.
He querido vestirme, tapando lujuria y deseo
pero me he dado cuenta
que quizás
y solo quizás
tendrías que ser tú quien diera tal orden.
Calenté café y quemé mis manos con la taza.
Y el esófago, ese dulce calor en el esófago,
que tanto me recuerda mis noches insomnes
acompañada de mi carmín favorito,
fotografías
y una dirección de envío,
o más bien
un agujero negro.

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