Me he duchado y he regresado a ti.
Húmeda en cada poro.
Me esperas solo con los vaqueros y una taza.
Observas anhelante las curvas sinuosas de mi reloj de arena.
No puedo más que sonreír.
Das un sorbo y me ofreces.
Agarro el recipiente abrasador con las dos manos y bebo sin miedo a quemarme.
Eso sólo lo hago contigo.
Una gota se desliza de mi labio
a mi mentón,
descendiendo en una sutil curva por mi cuello,
llega al esternón,
lo recorre por completo con una lentitud dolorosa,
ataca mi abdomen
y se detiene al llegar al ombligo.
Ya sabes lo que tienes que hacer.
El licor de los dioses no se desperdicia.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Cosmos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario