Se perdían entre sábanas y éter,
enganchados como yonkis de la creación más pura,
el placer carnal, infinito,
que se escapa entre la cuerpos prietos por sogas y bocas cintadas con látex flourescente.
A ti, que te llaman de mil formas
menos la que realmente te gusta,
esa solo es mía.
Me envuelves con seda infinita y encorsetada
del mismo color que mi piel,
violácea, en contraste con el blanco que habita normalmente en la tortura que es mi cuerpo.
Saltas los números de cinco en cinco
creyéndote Newton
cuando eres Leonardo,
creador,
destructor,
soñador,
visionario,
impaciente
y como no,
asesino.
Como tú y como yo.
Como ambos.
Aprieta fuerte. Que no se escapen los gemidos.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Cabos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario