Como buenos costureros
diseñamos ropajes para las noches otoñales.
Una acción recíproca,
tú tejes con amilasa
y yo con lipasa.
Mezclamos los hilos y creamos la gran capa
que nos cubrirá durante la entrega.
Mide bien, crea el patrón,
al revés de una servidora
que cose y emparcha a ojo
trozo aquí y allá.
No importa el método,
ambos acabaremos vestidos de saliva.
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