miércoles, 29 de octubre de 2014

Pájaros.

Tus palabras llegan a mi como el mar.
Mojándome.
Salándome.
Enfriándome.
Sorprendiéndome.
Encantándome.
Apareciste de la nada,
entre una bandada de pájaros salvajes
destacando por volar de manera distinta.
Encumbras mi monte de venus
con el humo creado en tus textos.
Las manzanas mordidas saben a deseo carnal,
profundo,
un acantilado hacia el suicidio.
Celotipias.
Bocados de piel.
Cucharadas de diversos fluidos,
-nuestros fluidos-
como migas de pan,
indican el camino a la cama.
Acaricie su teclado para humedecerme con su verborrea indecente,
insaciable,
indecorosa,
irresistible.
Sabe lo que tiene que decir
y como lo tiene que decir
para que la seda
y el encaje
acaben en el suelo arrastrándose.
Y yo me uno a ellos en una danza infinita.
Baile conmigo, caballero.
Quiero desgastar mis rodillas junto a sus pies.


No hay comentarios:

Publicar un comentario