A veces te veo en sueños. Te escucho susurrarme al oído. Hasta puedo sentir tus manos sobre mi.
Tengo miedo de que cuando abra los ojos estés de nuevo a mi lado, que aparezcas de la misma manera en la que dejaste de quererme, sin avisar, porque ya no te ofrecía oficio ni beneficio.
Tengo miedo a pensarte estando con él. Ahora es él pero pudo haber sido otro antes. Pudo haber sido cualquiera. Pero ahora es él.
Te has convertido en el espejismo que en realidad siempre fuiste.
Estar sin estar.
Querer sin querer.
Poder sin poder.
Todavía duele porque he vuelto a soñar contigo -si se le puede llamar soñar-.
Me ha parecido olerte y mi cuerpo ha reaccionado como siempre hacía cada vez que llegabas: Temblando e hiperventilando.
He notado que me acariciaban la espalda y entonces he sabido que no eras tú.
Definitivamente no podrías serlo.
La ternura del gesto no llevaba tu nombre.
Me he calmado, he abierto los ojos y le he abrazado. Y me he olvidado de ti.
Ojalá hubieras sido el hombre más importante de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario