Luchamos la batalla más ardua de la historia.
Sangrienta. Encarnizada,
llena de vísceras quemadas por esa hoguera que tiene adrenalina por combustible.
No te mentiré, he venido a entregarme.
No desfalleceré hasta que mi boca pruebe la tierra.
Estoy dispuesta a morir por la causa.
Aprovechando el derramamiento, bebemos por los caídos.
Nos bebemos.
La mascarada hace aparición portando antorchas de cristal.
Vuélvete. Mírame.
Quiero ver tus ojos antes de caer,
que el terremoto de tus latidos sea el epicentro de mi guerra.
Metal en la espalda.
Piel, músculo, hueso y corazón.
Me miras y sonrío mientras caes también.
Al infierno nos acompañan los inocentes.
miércoles, 7 de enero de 2015
Trufas.
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