jueves, 8 de enero de 2015

Nicotina.

La pureza del acto más desinteresado nos ha llevado a ser aves.
La cosmogonía no nos supone ninguna tara, todo es nuestro. Nos pertenece por ser incandescentes.
Y aunque tu piel sea de agua, no por eso nos consumimos.
Gira el timón, encalla en ese muro de silencio donde varan las preguntas que no quieren ser pronunciadas.
Ellas mismas temen la respuesta. O puede que todavía no llegaran a su puerto.
El aire salado cuartea mis labios.
Saben. Secan. Sangran.
Jamás pisaremos la orilla.
Jamás volveremos a ver el sol.
No hagas más que cuidar de mi boca.
Y abrázame. Sobre todo abrázame fuerte.
Y si me ahogo, que seas tú y no el mar quien me lleve.



No hay comentarios:

Publicar un comentario