sábado, 2 de marzo de 2019

Nihilismo.



Olvidemos que hemos estado solos todo este tiempo,
que cuando nos conocimos por primera vez 
ya nos conocíamos de toda la vida.
y que a medida que el tiempo iba pasando nos convertimos en extraños.
Que ahora somos desconocidos.
Se me olvida que no me quieres




Te siento respirar. Mucho más allá de inhalar.
Siento tu pecho moverse bajo mi mejilla,
tu aliento en mi pelo y siento que este es mi sitio favorito,
mi lugar seguro.
sobre todo cuando es viernes



Cuando veo a través de ti, todo tiene el color de tus ojos.

sobre todo cuando es viernes



Embarcamos en la expedición remando a contracorriente 
mientras tú te dejas llevar por el caudal para llegar a las montañas
y perderte entre las cuevas.
Yo prometí que llegaría al final pero estoy varada en un sendero
y nadie puede oírme.
No respondas mis mensajes,



Tengo planeadas todas las palabras,
todas las conversaciones que tendremos, todas las respuestas posibles a todas las preguntas formuladas –o no–,
todo lo que mi cabeza quiere decir y todo lo que mi boca acaba diciendo.
Todo lo que tengo dentro se acaba filtrando para no hacerte daño,
pero me lo acabo haciendo yo.
no merezco tu atención



Veo cómo te acercas mientras yo todavía estoy recuperando el aliento (sigo creyendo que estabas escondido en un adarve esperando mi llegada).
Nunca había visto a nadie caminar tan grácil.
Me das dos besos que no espero y me coges de la mano.
Mi estómago se hace un nudo asfixiando a todas las mariposas que no deberían existir.
Te miro por el ángulo que queda entre mis gafas: mueves la cabeza cada poco para apartarte el pelo y me entra la risa.
De vez en cuando tú también me miras y el nudo se aprieta mientras dos mariposas colisionan para formar una tercera.
Nos paramos y me dices que me vas a tapar los ojos y,
en el momento que tus manos tocan mi pelo,
me desvanezco.
no merezco tu atención



¿Qué ha visto en mí?
Soy buena, pero
¿Qué ha visto en mí?
¿Por qué yo y no otra?
No soy guapa
¿Por qué yo?
Pido perdón



Recuerdo cada paso que he dado para llegar hasta ti, cada lucha interna, queriéndote de manera incondicional a pesar de que en nuestra relación casi siempre hemos sido cuatro
y no dos.
A mí, que me acompaña la desconfianza desde el principio
porque supe que había alguien más a tu lado,
y no sabía quién.
Ahora entiendo que nunca he podido luchar contra ella 
porque es la única que ha podido darte
lo que tú creías necesitar
siempre a escondidas
mientras yo sigo sola.
Por no ser mejor que nadie


Déjame decirte que estoy agotada, que desfallezco cada vez que mis pulmones cogen aire, que no puedo seguir avanzando
con la carga y la culpa
la mía y la tuya
mientras observas a través de tu crisálida.
Que esto es nuestro,
aunque el miedo consiga que te queme tocarme
y que no sepamos avanzar a través del barro,
volviendo a un punto de encuentro en el que había alegría y deseo,
en el que nos mirábamos desnudándonos frente al otro como si aún no conociéramos todas y cada una de nuestras partes.
Ningún texto podrá describir lo bonito que era.
Pido perdón


¿Me quieres? Sé que sí, pero, ¿realmente puedes quererme?
Quieres estar conmigo, o eso dices, pero ¿puedes estar conmigo?

Tenemos tantas cosas juntos que no sabría ni por dónde empezar a distanciarme de ti.

No hace falta que me hables



Gracias a @MarceloCriminal 
por dejarme utilizar “Perdona (ahora sí que sí)” 
y a @insidethepyramid por la imagen.


jueves, 3 de agosto de 2017

Ordalía.

A veces no es necesario mirar atrás para darnos cuenta de lo que hemos perdido.

De los errores que hemos cometido.

Vivimos con la resonancia constante de un mantra que nos recuerda todo lo que ya no está

-Lo malo y lo bueno.
Lo mejor y lo peor.-

mientras que realiza otra función


Proceso biológico mediante el cual los tejidos vivos reparan sus 
heridas dejando una cicatriz que puede ser estética o inestética.




Todo proceso conlleva, ya sea por parte interna o externa, un determinado tiempo de transformación.
Orientas tu razonamiento y descubres que las pérdidas y los errores nunca existieron: confluyeron en vórtice marcando nuestros hipocampos.


Función del cerebro que permite al organismo codificar, 
almacenar y recuperar la información del pasado.




Haremos un inciso para hablar sobre nosotros. 

Recuerdo, hace casi dos meses, 

-8 de junio-


me definiste con una palabra que me aterra. 

Bien es cierto que tengo filias y fobias hacia según qué grupos de letras, pero esa, justo esa, 
en la que pronunciaste cada fonema, me dijo más de lo que cualquier diccionario o enciclopedia podrían llegar a definir. 
Me sigue dando pánico que la verbalices.

Tres veces en cuarenta días.

Cero veces en los novecientos treinta y seis días anteriores.


Hacemos cosas de ******
sin ganas ni convicción 
y, aunque nos pasa con todo, 
esto es un poco peor*



Recuérdame.
Recuérdame por qué cada día te sigues despertando a mi lado.





* Track 1 de "Escenas de Caza", Los Lagos de Hinault.

martes, 1 de agosto de 2017

Sinestesia.

Puede que alguna vez hayáis pensado en la muerte de la misma manera en la que yo lo hago.
La muerte como esperanza, sosiego, solución. La muerte que nos llama y nos atrae, asegurándonos de que con ella todo va a estar bien. Todo pasará. No habrá dolor ni miedo.

Puede que alguna vez hayáis pensado en la muerte de la misma manera en la que yo lo hago.
La muerte como belleza, plenitud, naturaleza. La muerte que nos eleva a lo más simple, átomos, quartzs. Polvo de estrellas. El origen del universo.

Puede que alguna vez hayáis pensado en la muerte de la misma manera en la que yo lo hago.
La muerte como arte, musa, pureza. La muerte de un cuerpo inerte, lívido, oliváceo, casi cristalino. Tan frío como la superficie que lo mantiene. Esencia y fin en sí misma.

Puede que alguna vez hayáis pensado en la muerte de la misma manera en la que yo lo hago.
La muerte como amor, cariño, anhelo. La muerte es amiga, compañera, madre. Nos lleva de la mano toda nuestra vida hasta que decide soltarnos. Somos sus mascotas, su bien más preciado.

Puede que alguna vez hayáis pensado en la muerte de la misma manera en la que yo lo hago.
La muerte como guerra, odio, dolor.
La muerte que nos arrebata a alguien a quien amamos, que nos desampara, nos precipita durante el proceso a que vayamos todas juntas. Que no sea una sola quien se marche. Nos entierra mientras intentamos respirar. Aire. Lágrimas. Silencio.

Silencio.

Silencio.




domingo, 14 de mayo de 2017

492.

Me hubiera gustado que estuvieras aquí.
Que de nuevo recorriéramos Madrid y nos encontrásemos perdidos en Malasaña. Descubrir que sí, podemos comer bien y no dejarnos un sueldo en ello. Que el metro nos volviese a dejar tirados.

Por lo menos estaríamos juntos.

No quiero volver sola a Lavapiés. No quiero quemar la Fnac de Callao si tú no estás para verlo. No quiero recorrer los mismos pasos que di contigo.
Porque no. Porque no estás.

Pero te prometo que volveré. Volveremos.
Que pisaremos de nuevo Barcelona.
Juntos.
Y que iremos a Portugal. Francia. Italia. Inglaterra.
Y a la isla de San Simón. A la de Ons y a Cíes.
Y Combarro. Y Muxía. Y Foz.


Igual es que me gustas.
Igual es que te quiero en mi vida.
Igual es que quiero que tomes parte en ella.


lunes, 24 de abril de 2017

Prioridades.

Hoy mientras sudaba -no sé muy bien si por calor, ejercicio o ira- tuve un momento de lucidez.

No soy tu opción número uno.

Ante eso sólo tengo dos reacciones posibles: asumirlo y quedarme a tu lado aún sabiendo que superpondrás la hibernación a compartir momentos conmigo o no asumirlo e irme.
Desaparecer.
Esperar no volver a cruzarme contigo nunca.

Por el momento la primera opción va ganando porque, como ya sabemos, no sé quererme.

Ojalá supieras hacerlo tú.

 

martes, 28 de marzo de 2017

Ctrl+Z

Hace meses que hablábamos del cambio.

Queríamos un lugar, un hogar. Aventura, fuerza, ganas.
No sé tú, pero yo sigo sin encontrar(me/lo).
Es verdad que me puede la ansiedad, la desconfianza, el miedo. Sigo echando a correr sólo para que la sensación de ahogarme se vuelva real. Tangible. Sólida. Todo cuanto yo debería ser.
Me despierto cada día pensando cuando descubriré el próximo engaño. En qué consistirá. Cuán será su daño.

Sigo teniendo pesadillas en las que los protagonistas toman forma de mujeres, hombres y fantasmas de navidades pasadas. Abro los ojos y me descubro temblando. Me acoplo a tu forma. Tú me rodeas con el brazo, todavía dormido, acercándome más a ti.

Y todo pasa.

Me gustaría que dejara de doler el pensar que hubo más antes. Bastantes. Que nunca me vas a querer como a la mejor de todas ellas.
Por hacer autocrítica también diré que pensé que nunca podría quererte como a él. Al menos no de esa forma en la que perdería la cordura.
Tampoco sería perderla. La última vez fue un robo.

No hay una ecuación para mesurar sentimientos. Y menos mal: me quedaría con valores negativos.
Y no hay raíces para los negativos.




sábado, 1 de octubre de 2016

Vacuidad.

Te veo llegar. Me ves. Corro hacia ti y llorando me envuelvo en tu cuerpo, rezándole a todo el Olimpo para que no vuelvas a soltarme de nuevo. No como la última vez. No me sueltes.

Átame.

He querido diseccionarte en silencio miles de veces al día durante cientos de días.

He imaginado mi bisturí tras tus orejas, deslizándose de una manera demasiado placentera -si me vuelves a permitir la expresión, a sabiendas de que para ambos el placer no tiene mesura- sobre tu cuello, recorriendo el esternocleidomastoideo en toda su extensión, clavándolo sobre tus clavículas mientras sonrío de manera pérfida -otra licencia que me permitirás- hasta llegar a tu esternón. Puede que entonces levantase un dedo del instrumento para presionarlo sobre tu tórax, siguiendo el trazo, precipitándome a tu abdomen, alabando a tu ombligo mientras recoge, cual ofrenda a Buda, una pequeña cantidad de sustancia roja.
Mi lengua se agrieta clamando la sed, pero el viaje no ha terminado.

Necesito desarticularte.

Profundizar.

Que el filo recorra también tus huesos de la misma manera en que los míos han sentido todo lo que has callado.

Probablemente te bese, otra vez, manchándome el pelo, la cara, las manos y esos sentimientos que desearía no haber tenido nunca hacia ti con tu esencia.
No puedo sentir así.
Tan fuerte de nuevo.

No puedo.

Quizá te acariciase el pelo. Puede que incluso esta vez no te despeinaras mientras con la cuchilla separo tu cuero cabelludo, insertándola entre tu cráneo y el pellejo convirtiéndote en dos colgajos, poco a poco, hasta que tus ojos apareciesen como las estrellas principales de ese espectáculo grotescamente romántico.

Tus ojos.
Tus ojos.
No sabría qué hacerles.
Una mirada inexpresiva, sin vida, totalmente vacía.

Una mirada que he visto en silencio miles de veces al día durante cientos de días.

Te olería. Olería cada poro, cada fluido, cada pliegue. Recorrería toda la dimensión de tu anatomía con la yema de los dedos, arañándote de vez en cuando, rumiándote alguna canción de Portishead, chapoteando en una danza tribal premeditada, nocturna, pagana. El rojo de mis labios no será carmín, escarlata ni rouge noir.

Te demostraré que te quiero de la manera más pura: haciendo un templo de tu cuerpo.

Más todavía.



Pero primero,
pídeme que vuelva.



domingo, 25 de septiembre de 2016

Pálpito.

Cuando me di cuenta de su ausencia, ya habían pasado meses.

Me fascina esa frase recurrente que todas escuchamos en algún momento de nuestra vida:

"Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde".

Es una máxima que podemos aplicar a cualquier faceta, a la falta de algo o alguien, al desasosiego producido por esa sensación de que algo nuestro, muy nuestro, nos ha sido amputado.

A título propio diré que no duele tanto una pérdida como saber que jamás recuperarás lo perdido. Esa agonía de saber que, todo lo que has vivido con esa parte de ti hasta el momento de la fuga, no volverá.

Te paras a pensar si realmente la historia fue real, en qué momento surge el punto de giro. Tiempo después ya no eres capz de discernir entre lo que ocurrió y lo que tu imaginación ha aportado.

Alguien me dijo una vez que cuando pierdes a alguien a quien has querido de manera incondicional, nunca lo superas. Lo que haces es aprender a vivir con la ausencia de esa persona.

Dejas atrás una vida que construíste cual castillos en el aire. Todo lo que podría haber sido y no fue. Todo lo que prestaste, regalaste, invitaste. Todo lo que sentiste, acariciaste, besaste. Todo cuanto se ha ido deja paso a un dolor que fisiológicamente se explica como síndrome de abstinencia de dopamina.

Nunca te recuperas.
Nunca lo superas.
Aprendes a vivir sin los trozos que te faltan.
Sobrevives.

Sientes vértigo cuando recapitulas y aceptas todo lo que se ha llevado.
Todo eso que no regresará.

Todo.

Todo.

Falta todo.

Sí que cambiamos. Nos reconstruímos. Buscamos piezas que nos faltan y seguimos caminando, cojos, sordos, ciegos.

Idiotas.

Hasta que volvamos a tropezar y no haya sitio para más recambios.




martes, 20 de septiembre de 2016

Rueca.

Se ha detenido el reloj sin saber el motivo.

En medio de la negrura me he oído aullar. Un sonido profundo, gutural, doloroso ha emanado de mi garganta hundiéndome el pecho.
He creído gritar, gritarme, gritarte.
Al intentar tomar aire se me han abierto las costillas, me he perforado los pulmones y el líquido pleural ha salido a borbotones.

Una noche, un día más, te he pedido ayuda de manera desesperada. No he obtenido respuesta más allá de los grillos ocultos bajo las alegrías del balcón.

Menuda paradoja.

Así que me he puesto a escribir, una vez más, buscando un consuelo inexistente a tanto dolor. Un movimiento sutil que me haga huir de este letargo. Una brisa que remueva algo en mi interior solamente para cerciorarme de que sigo siendo sólida, al menos de la manera física.

He tratado de hacer algo bueno de todo lo malo y lo único que he conseguido es una puesta de sol.




sábado, 17 de septiembre de 2016

Fraude.

Siempre me ha sorprendido la cualidad humana de temer a la muerte.

¿Cómo puedes tener miedo de algo que sabes a ciencia cierta que va a ocurrir? ¿De un suceso programado? ¿Cómo puedes tener miedo de una certeza universal?

A lo largo de la vida nos inculcan cómo existir: acción, movimiento, impulso. Desde que nacemos, el único propósito por el que nos movemos es hacer y tener.

"Haz amigos"
"Ten estudios"
"Haz una carrera"
"Ten pareja"
"Haz una oposición"
"Ten un trabajo"
"Haz una casa"
"Ten dinero"
"Haz el amor"
"Ten un hijo"

¿Cuál es el lugar en el que queda nuestra constante -la muerte- mientras dedicamos toda nuestra atención a las variables vitales?

Me doy cuenta de que es la viuda negra. Alguien a quien nadie quiere por el hecho de que transforma todos los esfuerzos de nuestra existencia en un humo que se desvanece. Toda nuestra vida convertida en algo intangible. Una anécdota. Una leyenda que podría ser verdad o no serlo. Algo físico transformado a etéreo. Sublimado. 
Irracional.
Una mentira.
Un cuento infantil.
Una fantasía.

Vivimos tratando de salvar la muerte cuando lo único que ella quiere es salvarnos de la vida.



viernes, 5 de agosto de 2016

Retina.

No vamos a poder escaparnos.

Te oigo gritar, aunque tu garganta, aparentemente vacía, no emite ningún tipo de fonema. Las cuerdas vocales están agarrotadas y aturdidas.
Aún así, te oigo gritar.

Me ves llorar, aunque mis ojos, aparentemente vívidos, no tienen rastro de humedad. Los lacrimales están secos y agrietados.
Aún así, me ves llorar.

Nos cogemos de la mano y corremos, aunque nuestras piernas, aparentemente móviles, no hacen ningún tipo de movimiento. Las rodillas están oxidadas y tiesas.
Aún así, corremos.

Nos desquiciamos, aunque nuestra boca aparentemente sonría y bese y nuestros brazos pasen más tiempo entrelazados que agarrando la vida, sólo percibimos dolor. Nuestros poros están abiertos y nuestro vello se eriza.
Aún así, nos desquiciamos.

Duermo, aunque tenga la mirada fija en los acontecimientos que se desploman sobre mi, descanso. Mi corazón se acelera, arrítmico y empiezo a temblar.
Aún así, duermo.

Duermes, aunque tengas espasmos y des patadas, no descansas. Tu corazón late despacio, rítmico y me arrulla.
Aún así, duermes.

Te miro, aunque lleve haciéndolo todo el día, mis pupilas se ceban contigo. Mis manos te agarran. Arrimo mi cabeza a tu cuello y entonces sé que, a pesar de que el cielo se nos caiga encima, este es mi hogar.
Mi lugar favorito en el mundo.
Aún así, te miro.

Te pido auxilio, aunque diga "no pasa nada", necesito ayuda. Me he cansado del hastío, de llorar, de reír. He dejado de creer en el "todo va a ir bien" porque en lugar de soluciones sólo veo peldaños hacia el abismo,

el desenlace,
la muerte.

Aún así, por última vez, te pido auxilio.




"Nunca hagas promesas 
que no vayas a cumplir".


viernes, 15 de julio de 2016

Piedra.

Voy a hablarte desde el lodazal, desde lo más profundo de este pozo.

La pelea se está librando ahí arriba. Escucho los gritos. De vez en cuando me caen gotas de sangre. No quiero ir.

Esa lucha no es la mía. El barro me está atrapando y cuánto más fuerte intento salir a ayudar, más me acerco al magma.

No quiero seguir luchando. Quiero subir al campo de batalla y perder. Necesito que, en cuanto se asome mi cabeza, un tiro me atraviese frontal y occipital. Sangrar todos mis demonios.

Liberarme.
Perder.
Morir.

Quiero que me quemen en una pira vikinga. Que toquen cornetas y la gente se emborrache mientras me ven arder.

Que quede menos de mí de lo que soy ahora mismo.
Un quartz.
Una pequeña ratona cuántica.

Que cuando el humo de mi alma empobrecida se haya disipado, prosiga la guerra.

Que vuestros fluidos nutran la tierra.

sábado, 25 de junio de 2016

Autoinmune.

Un día alguien me dijo que las mejores cosas de la vida empiezan por consonante.

- ¿Qué me dices del amor? El amor es un sentimiento precioso y empieza por vocal.
- El amor es lo peor que le puede pasar a alguien.

No supo que contestar. En aquel momento el amor era el único pilar que sostenía su vida.
Poco después se dio cuenta de que no era así.
No era un sentimiento sino más bien un parásito.
Te infecta y roba tu vida poco a poco, sin que puedas percibirlo.
El amor es una enfermedad.
Una epidemia terrible.
Sus efectos secundarios no tienen parangón con ninguna otra patología.

- Si tuvieras que elegir entre su vida y la tuya ¿cuál elegirías?
- La suya. No podría soportar que le pasase nada.

Cuesta creer que algo de lo que hablamos cada día como una banalidad pueda llegar a afectarnos tanto. Somatizar un sentimiento.
Dejar de comer, de beber, de salir, de hablar, de realizar cualquier cosa que sea prescindible. Limitar las funciones corporales hasta tal punto que el sistema nervioso autónomo toma el control total de nuestra -no- vida.
Entramos en coma.
Un coma inducido.

- Y entre tu madre y él, ¿quién preferirías que viviese?
- Él -dice sin dudar-. Siempre va a ser él.

¿Recuerdas el efecto imán? Cada vez que él da un paso, tú das otro en la misma dirección, guardando siempre una distancia relativa, pero sin permitir que se aleje demasiado.
Magnetismo. Atracción. Necesidad. Adicción.
Que vuestra burbuja no se rompa volviendo a convertirse en dos.
Ser independientes uno del otro. Vaya locura.
Eso jamás sucederá.

- Necesito ser libre.
- Una relación no son 2 personas. Una relación es 1+1.

Se pasó llorando un día y una noche.
A la mañana siguiente tenía llagas en las mejillas.
Era un cuerpo inerte, mutilado, sin caminos que recorrer ni destino al que llegar.
Se había quedado muda.
Ciega.
Seguía oyendo pero había perdido la capacidad de escuchar.
Cada objeto que le rozaba era papel de lija.
Todo olía a él.

- Pero, ¿cómo va a doler el amor, si es un sentimiento?
- El amor es un cáncer.

Su estómago dejó de admitir comida y no recordaba qué músculos había que mover para sonreír y cuales para caminar.
Cambió su voz. Su piel. Su pelo.
Cada célula comenzó a convertirse en una nueva que en nada se parecía a su predecesora.

Empezaron a crearse senderos, prados, ríos, árboles y flores.
Noche tras noche aparecían más estrellas en el cielo.
La galaxia se expandía al mismo ritmo que sus pulmones.
Todo cuanto tocaba era seda, algodón, terciopelo.

Volvíó a jugar.
Corría hasta empezar a jadear.
Juntó todos sus sentidos en un solo impulso nervioso.
Y juró no volver nunca.

Ahora ella era la persona más importante de su vida.

El amor había dejado de ser endémico.
Fue, al mismo tiempo, mal y cura.

Nadie poseía en su organismo suficientes mastocitos para enfrentarse por segunda vez al amor.






jueves, 12 de mayo de 2016

Conmigo.

Tras un golpe de efecto, surge.

Un torbellino de ideas, promesas, palablas se desatan y forman una red que intenta atraparme.
Sonrío. Vuelve a ser más de lo mismo.


"Tengo listo un arsenal de excusas
para el día que por fin descubras..."

Anochece. Como cada día, me tumbo y te observo. No me ves.
Sería más sensato preguntarse si en realidad alguna vez me has visto.
Me revuelvo un poco y me concentro en tus gestos.
Todavía hay algo que no encaja. Algo fuera de lugar. Un vacío en la historia.
Cambios de nombre, explicaciones innecesarias, desconfianza.

Es cierto, no sé la verdad. Pero me sé las mentiras. Todas ellas.


"...que yo ya he dejado de quererte,
y ahora estoy pensando en otra gente."

Recuerdo aquel día en el castaño.
Estaba intentando trepar lo más alto que podía para escapar de lo que estaba ocurriendo en el suelo.
Intenté esconderme tras las hojas, fracasando.
Resbalé y me quedé colgando boca abajo. Él me descubrió.
Me pasé la noche vomitando y al día siguiente, con esa falsa preocupación tan característica de su persona, me preguntó como estaba.

- Bien - dije. Mi constante. Siempre estoy "bien".
- No me mientas. Ya sabes que si hay una cosa que odio, son las mentiras.

Ahí estaba. El hombre más mentiroso que conocía, el que más mentiras (me) decía, explicándome esa letanía de nuevo.

- Es la verdad. Estoy bien - No era cierto.  Nunca volví a estarlo.


"No tengo valor para decirlo
de una forma abierta y concluyente..."

Llego tarde. Doy gracias por haberme puesto las botas. Corro y se me caen las medias.
En el punto de encuentro lo único que pienso es que no me note hiperventilar. Menos mal que hace frío porque estoy sudando.
Lo veo aproximarse sin tener una remota idea de donde ha salido. Me da dos besos, cortés.
Es muy guapo.
Coge mi mano y caminamos juntos. Le voy mirando de reojo. Llueve un poco y se agita el pelo constantemente.
Tapa mis ojos y me dirige.
Puerta.
Escaleras.
Puerta.
Pasillo.
Puerta.
Cama.
Hace una serie de preguntas. Me ve fumar. Me besa.
Sigo con los ojos tapados.
Me gusta mucho su voz. Ojalá siga hablando. Lo hace.



-Antes de nada, vamos a dejar unas cosas claras: tú no me mientas y yo no te mentiré.



Habíamos disertado abundantemente sobre la importancia de la confianza en este tipo de relaciones.
Acepto. Es lo mínimo.

Al menos lo era entonces.


"Yo nunca he querido hacerte daño.
No quiero que pienses que te engaño,..."

He tenido pesadillas toda mi vida, pero las últimas cambian de protagonista.
Las antiguas son recuerdos, hechos reales que no volverán a suceder.
En las nuevas el dolor viene de no saber si eso realmente ocurrirá,
y, en el caso de que ocurra, si algún día me enteraré del engaño.


"...no quiero que pienses que soy
lo que soy exactamente."

Me dejo la cordura -más literalmente de lo que me gustaría- buscando explicaciones,
respuestas a preguntas que nunca he hecho por ser demasiado absurdas.
En realidad no quiero saber lo que me contestarías.
Conozco la solución de determinados interrogantes y no quiero cerciorarme de que me mentirás.
Llámalo voto de confianza.
Yo lo llamo sistema de autodefensa.


"Quiero que parezca que me voy
por motivos diferentes."

Es verdad que he pensado en irme. Desaparecer, por lo menos de tu vida. Puede que después hasta de la mía.
Pero no me he escapado.
Por mucho que huyas, el suelo no parará de resquebrajarse. Hazte a la idea.

Sigo esperando a que me mires a los ojos y que me digas que confías en mi.
Que no va a haber más mentiras.
Que esté tranquila porque el posible dolor causado siempre será de manera inintencionada.
Que sabes que sufro. Por ti. Por mi. Por ambos.
Que expresarás tus sentimientos.
Que no te va a dar miedo escuchar un te quiero.
Que no te dará miedo decirlo.
Que me ves, que que sabes que estoy aquí. Que siempre voy a estarlo.

Pronúncialo.

Porque no tenía esa esperanza, pero al final has vuelto a la vida.


"Y para que no te enteres nunca....
Tengo listo un arsenal de excusas"




miércoles, 3 de febrero de 2016

Espasmo.

Mírame.
Estoy desnuda ante ti, después de todo este tiempo.
Los brazos que me tendiste siguen abiertos y me encierro en ellos condenada a cadena perpetua.
Quise salvarme tantas veces antes que ya creía imposible volver a estar cuerda.
Y desde allí,
desde el abismo más profundo,
prometí y juré que jamás me mentiría de nuevo, que curaría mis heridas en lugar de que siguieran infectándose con una ponzoña a la que sólo podría vencer la cicuta,
asumí que mía era la causa, la culpa, la verdad y los actos,
y desde ahí, desde el lugar al que nombraron averno, regresé.
Olvidé mi ser, quién era y en qué creía. Borré cualquier rastro del ente que fui con un único propósito.

Vivir.

No puedo asegurar que lo haya conseguido porque seguimos enzarzados en esa lucha sin fin, pero al menos he cumplido una gran parte.

Al menos soy libre.

Te hablo a ti desde el borde del acantilado, sólo para que sepas que existo,
que existes,
que el mero hecho de respirar sobre mi nuca le da valor a cada nuevo día.
Puedo repetir frases, actos, gestos e incluso sueños.
Sin embargo, prefiero esperar a que amanezca.
Mientras tanto, sueña.
Pero mañana,
mañana mírame,
porque seguiré desnuda ante ti.

"¿Después de todo este tiempo?"
"Siempre".

miércoles, 6 de enero de 2016

Misiva.

Esto no es un texto, son meras pretensiones.

Voy a cuidarte.
Pase lo que pase, lo prometo.
Me encanta y te lo debo.
Quiero que seas feliz y duele ver que no es así.
Que no puedo hacer nada para cambiarlo.
No voy a hacerte daño.
Te juro que, aunque me esté muriendo, nunca te haré sufrir.
A ti, que me has sanado.
Te abrazaré, te besaré y te veré dormir.
Intentaré protegerte del dolor y, como siempre, acabaré perdiendo.

Perdida.

Pero no puedo -ni quiero- hacer otra cosa.

martes, 29 de diciembre de 2015

Divinidades.

Suscribo tus palabras como un credo en el que dejo la cordura y parte de la vida, pero es que no puedo entenderlo de otra forma. 

No puedo implorar a los dioses que el cielo comience a manar sangre en vez de lluvia. 

No puedo pretender embotellar la tramontana para bebérmela en mi ansiedad. 

No puedo hacer que crezcan flores de cerezo en los pinos ni que los crisantemos huelan a rosas.

No puedo pedir que los perros vuelen, que las avestruces naden y que los tiburones pasten en los prados.

No puedo conseguir que nieven granos de café.

Solamente puedo aceptar la naturaleza de las cosas, saber que nada va a cambiar aunque la muerte me lleve. 

Saber que siempre seré minúscula en tus ojos y un juguete en tus rodillas.

Quiero dejarlo todo como está, 
protegiéndome.

Por eso creo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Perdido.

Existe un vacío del que no eres consciente.

He estado rogando por señales,
profetas,
gritos
y me ha vencido la noche.

Puedo entender que has librado una lucha interna,
que has hecho tu parte y que ya no hay nada en el tintero.

Sin embargo yo estoy aquí.
Invisible.
Sola.
Agónica.

Intento abrirme paso en tu espiral autodestructiva y lo único que consigo es perderme,
más todavía,
intentando entender la maraña de gestos y palabras que son tu existencia misma.

Estás siempre.
O desapareces.
No puedo lidiar con esa naturaleza.

martes, 29 de septiembre de 2015

Sinergias.

Condenados a perseguir un último vestigio de culpa, un algoritmo de necesidades infundadas sin ningún tipo de control interno, nos precipitamos hacia una única idea.

La liberación.
La muerte.

Nos obliga a romper con la vida, a subyugarnos al delirio de un preso que nunca ha sido tal: Ha elegido su destino.

Puede que fuera, en el campo, podamos correr hasta fundir los metatarsos con la tierra.
Que nuestra sangre riegue las flores que mañana llevaremos a los difuntos.
Que vida y muerte se unan en un cementerio de intenciones nunca desveladas y así poder, finalmente, escapar de la desdicha.

Pero hoy toca enterrarse en subastas de sentimientos mal pagados con un agradecimiento tan inherente como inexistente. Gritar con júbilo que viva la desgracia y luchar contra una causa perdida.

Las personas sí que cambian.
Dejan su condición humana para convertirse en cadáver.

Por eso confío.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Morgue.

Tengo frío.

El típico frío de otoño, sin esa transición de temperaturas.
Tengo frío en los pies y en las orejas.
Frío físico.

Pero también tengo frío en el corazón y en la cabeza.
Tengo frío en el alma porque ayer me he dado cuenta de que cada día estoy más cerca del punto de quiebra.

Me voy a dar un gran golpe.

Me va a hacer daño.

Me voy a helar.

Y conmigo en ese día llegará la ultima glaciación.